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LA CUEVA DE LOS GENERALES (Leyenda)

el 14 de abril del 2012

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LA CUEVA DE LOS GENERALES (Leyenda)

Cuencamé aportó a la Revolución Mexicana 21 Generales y todos villistas militantes de la gloriosa División del Norte.
Por su convicción de coterráneos y algunos contemporáneos solían procurarse unos a otros y reunirse con frecuencia en reuniones privadas que unas veces las realizaban en una cantina y otras en determinada casa particular. Por las circunstancias de inseguridad que reinaban en la época, en alguna reunión se ventiló el problema de la necesidad de encontrar un lugar idóneo para esconder sus tesoros, todos productos de sus robos y saqueos que ellos llamaban expropiaciones o préstamos forzosos, que efectuaban en diversos lugares y ocasiones.
Cuando de esto se trató el General Canuto Reyes Castellanos, uno de los más audaces y valientes de los Generales villistas dijo a sus compañeros que el conocía una cueva muy segura que estaba como mandada hacer para esos fines.
Se dice que a partir de entonces, esa cueva, fue el escondite oficial de los Generales Canuto Reyes, Calixto Contreras, Orestes Pereyra, Pedro Favela, Vicente Orozco, Eladio Contreras y otros.
Según la versión de algunos que en ese tiempo supieron de esta cueva, en su lugar al cual no se puede llegar a caballo, debe dejarse la cabalgadura en el remate del Cañón y seguir con dificultad sobre una patilla, donde solamente cabe un hombre y existe reliz hacia arriba y precipicio hacia abajo.
Se dice que en pleno movimiento armado, existió en el pueblo un señor de nombre Don Santiago, dueño de cabras y vacas, amable y bonachón que servía a todo mundo y esto lo hacía ser querido de todos. Algunos le decían Tata Santiago, otros nadamás Don Santiago.
La realidad es que contaba el Tata, que en alguna ocasión cuando el se encontraba pastoreando sus ganados, divisó a tiempo que venían dos de a caballo con una mula cargada estirándola cada uno. El hecho se le hizo raro y se escondió tras unas peñas para no ser visto y pudo mirar que entraron al Cañón de Fernández, y como después de dos horas, los miró salir con las mulas estirando pero éstas ya sin carga. Con mucha curiosidad, cuando estuvo seguro de que se habían alejado, siguió las huellas de las bestias, mismas que lo llevaron hasta el lugar donde estaba el rastro de que las mulas habían sido descargadas. Interesado en el asunto, siguió las huellas de los individuos que lo llevó a la punta de la patilla, donde estaba un árbol de Tepozán que tapaba perfectamente la puerta de la cueva. No entró ese día porque tuvo miedo de ser descubierto o atrapado dentro de la cueva y naturalmente lo habrían asesinado.
Como a los ocho días se trajo a uno de sus hijos de nombre Nicolás al cual por cariño le decían Coleto, lo puso a que lo cuidara en la puerta del Cañón y con mayor confianza llegó a la cueva y penetró a la misma.
Grande fue su sorpresa, al mirar que dentro de ella estaba el oro y la plata amontonados y apilados con barras de plata para que los pesos y monedas no se regaran. Al mirar aquello, no tuvo valor de tomar nada por no ser descubierto y pagar con la vida tan temerario atrevimiento y solamente se fijó muy bien en el lugar, sin decirle a Coleto lo que acababa de descubrir. Llegó a su casa y le platicó a Doña Lala su mujer y quedaron de acuerdo a que al pasar la bola irían los dos a sacar aquel cuantioso tesoro. Cuando los federales quemaron Cuencamé, Tata Chago fue brutalmente golpeado por los carrancistas porque lo querían hacer confesar en donde se ocultaban los Contreras y a consecuencia de esa golpiza murió y le dio las señas de la cueva a Coleto, diciéndole que llevara a Doña Hilaria a sacar algo del tesoro. Si fueron Coleto y Doña Lala, pero nunca encontraron ni la patilla, ni el tepozán y menos la cueva.
Don Aristeo Flores, también llegó a contar que una vez él y su padre, cuando andaban cortando cabezas de lechugilla, por casualidad habían dado con la cueva, que habían sacado las bolsas de sus pantalones y un morral gordero llenos de monedas de oro, pero que en la noche de ese día había muerto Don Anacleto su papá, tal vez por la sorpresa al encontrar el tesoro o tal vez por los gases del mismo, pero la realidad fue que su padre falleció de repente y desde entonces él le agarró tanto miedo al lugar que ya nunca volvió ni quiso platicar nada del asunto. Pero que la cueva si existe en el Cañón de Fernández y está llena de oro y para más señas, ni siquiera está tapada la puerta.
También contaba Don Timoteo Ponce que él había sido asistente del General Calixto Contreras y más de una vez lo escuchó mencionar el escondite de esa cueva y después cuando siendo también asistente del General Canuto Reyes, lo acompañó en la terrible hazaña de transitar a caballo desde la ciudad de Oaxaca hasta Durango, caminando nadamás de noche, porque los seguían muy de cerca los carrancistas y ya cansados después de muchos días de caminata, le dijo Don Canuto que al llegar a Durango él se retiraba de la bola, que en Cuencamé tenía una cueva con mucho oro, el cual no se lo acabaría en toda su vida.
Después de tan atrevida aventura el General Canuto Reyes con su gente llegó al estado de Durango y lo que no sucedió en tan enorme travesía, le sucedió en su tierra, al ser descubierto y derrotado en Rodeo, Dgo. donde después de un sumario Consejo de Guerra fue fusilado.
Sin embargo le dijo su asistente a Don Timo: Busca la cueva de los Generales en Cuencamé y saca el oro que está ahí para que nos mandes decir unas misas a los que ahí guardamos esa riqueza y no logramos disfrutar de ella. Don Timoteo mucho tiempo buscó la cueva y mucho se desorientó porque a él le dijo el General que la cueva estaba en una patilla del Cerro de la India, y otra gente dice que está en el Cañón de Fernández.
Por otra parte, también se dice que cuando Orestes Pereyra se fue para Sonora en un esfuerzo desesperado por avanzar en la lucha en contra de los carrancistas, le dijo a Don Calixto Contreras: “No se rindan ni den un paso para atrás, me voy a Sonora y Sinaloa para limpiar de carranclanes todo ese rincón. A mi regreso con todo el oro que tenemos en la cueva de Cuencamé reforzamos y reorganizamos la División del Norte y nos vamos sobre México”.
Pereyra fue fusilado en el Fuerte el 28 de noviembre de 1915 y Don Calixto Contreras murió en una emboscada en la Hacienda del Chorro el 22 de julio de 1916.
Ya no se volvieron a ver los dos Generales y todo hace suponer que Don Calixto no sacó el tesoro, porque había dicho que era para cuando se acabara la bola.
Don Timo, el asistente del General Canuto Reyes, tampoco lo sacó porque nunca encontró la Cueva de los Generales y parece ser que nadie la ha encontrado, esperando que sea usted, amable lector, el afortunado que tenga la suerte de dar con ella.




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