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Historia de Calera de Víctor Rosales

Reseña Histórica

Por la gran actividad minera en el norte, en la Nueva Galicia y en la Nueva Vizcaya, fue una necesidad de establecer comunicación continua con la capital de la Nueva España, en 1563, el Beato Fray Sebastián de Aparicio abrió el camino de rueda desde Nueva Vizcaya (hoy Durango) hasta la Ciudad de México. Al terminar el siglo XVI estaban en explotación gran número de minerales, pero se distinguían en la Nueva Galicia, las Zacatecas que habían hecho florecer aquella ciudad y ocupado tanto la atención del gobierno virreinal por la abundancia de sus productos y por el impulso que habían comunicado al comercio que para tener segura la comunicación de este centro minero a la capital de la colonia se establecieron Presidios y se fundaron villas españolas como resguardo de los caminos. Eslabonándose las poblaciones mineras de esa época desde Zacatecas hasta Santa Bárbara. Don Ezequiel Dueñas dice en sus apuntes históricos sobre el municipio de Calera, que cuando se establecieron los primeros pobladores en terrenos rentados a la hacienda de San José del Maguey “había en ese tiempo una pequeña choza donde vivían el cuidador de bestias de tiro con las que remudaban las carretas o coches de pasajeros que corrían en esa época desde Durango hasta México”.

La Calera nació como una posta más, en el camino de la plata, ubicada a una jornada tanto del Real de Minas de Fresnillo como de la muy Noble y Leal Ciudad de Nuestra Señora de los Zacatecas. Sus primitivos moradores fueron gente de destino pacífico y oscuro que tenían como oficio alimentar las bestias que remudarían a las conductas. La Hacienda del Maguey a la que pertenecieron parte de los terrenos que hoy integran el municipio de Calera, era de las haciendas medianas, posiblemente su delimitación se hizo al cambio de dueño a mediados del siglo XVIII.

En su de la Ganadería en Zacatecas (1531-1911), Cuauhtémoc Esparza Sánchez menciona la importancia de su producción, dice que en 1803 “sólo la hacienda rústica El Maguey, con 100 sitios de ganado mayor y menor, crecidas porciones de muladas y caballadas y ganado lanar, proporcionaba anualmente 50,000 arrobas de lana para Sayula, Acámbaro, Querétaro y México”. Los vestigios de las caleras, que dan al nombre a este municipio, se localizaban en los márgenes del arroyo torrencial que atraviesa la población, en los terrenos de labranza que rodean la cabecera municipal hay lunares de rocas calizas, esto es evidencia de que la quema de cal se trabajó por algún tiempo, las escorias acumuladas que ocasionalmente se encuentran al hacer excavaciones para cimentar casa, también ratifican esta actividad.

Don Ezequiel Dueñas afirma que a fines del siglo pasado se localizaban los promontorios residuales de la quema de cal a un lado y otro del cauce del arroyo. Los principales hechos de armas durante el suceso de la Guerra de Independencia se efectuaron en los estados del centro y sureste del país, en Zacatecas se libraron esporádicamente batallas, pero sí participaron en esa lucha comprometidos zacatecanos.

Uno de los más destacados insurgentes fue Don Víctor Rosales, él y varios miembros de su familia fueron mártires de la causa. Timoteo Rosales Gordoa, hijo de Don Víctor Rosales, a los once años de edad fue ejecutado por soldados de José María Navarrete en venganza por el ataque que hiciera su padre al cuartel de San Agustín. En 1821, cuando ya casi terminaba esa lucha que inició Don Miguel Hidalgo y otros patriotas, cuando el Plan de Iguala ya había sido aceptado por varias intendencias, y para consumar la separación política de España, sólo faltaba que en todas ellas se le diera vigencia a dicho plan. El Gral. José de la Cruz perseguido por el Gral. Negrete salió de Guadalajara, hizo escalas en diferentes sitios, al llegar a Zacatecas se hizo acompañar por los batallones el Barcelona y el mixto de Zacatecas, tomó 100,000 pesos de las cajas reales continuando el 3 de julio su camino rumbo a Durango.

Dice Elías Amador; “Al llegar a la Calera, punto situado siete leguas al poniente de esta ciudad, se pronunció una parte de la tropa”. Este pronunciamiento lo provocó el sargento José María Borrego, quien al estar ya formado y listo el batallón para continuar la marcha hacia Durango (el batallón mixto de Zacatecas), el sargento Borrego arengó a sus soldados, los cuales proclamaron allí mismo la libertad, en presencia del Gral. José de la Cruz y la tropa que le quedaba fiel, éste siguió su marcha, no sin que durante ella fueran desertando muchos soldados, era cuatro de junio de 1821. Borrego se volvió ese mismo día a Zacatecas en cuya ciudad no había más que un pequeño grupo de soldados y vecinos que cuidaban la prisión y el orden público. Tan luego como dicho batallón llegó a la ciudad y se supo lo ocurrido en la Calera, entró gran entusiasmo en el pueblo y se organizó inmediatamente una improvisada demostración pública para proclamar la independencia, acto que tuvo lugar la noche del mismo día cuatro, con el mayor regocijo y aclamación.

En los breves apuntes sobre la de este municipio, Don Ezequiel Dueñas, (1859-1957) poeta y periodista nacido en Calera, inicia una descripción de las personas que él considera fundadores de esta población: “Los hermanos Antonio, Buenaventura y Justo Vázquez del Mercado, Félix Medina, Perfecto Silva, Cristóbal Ortiz, Cayetano Murillo y otros de apellido Borrego y Salcedo, en la tercera década del siglo pasado, como en el al año veinte y tantos fueron a establecerse a un terreno perteneciente a la antigua hacienda de campo llamada San José del Maguey que se encuentra como a 20 Km. Al poniente de Zacatecas y cuyo terreno rentaron los nuevos colonos a la citada finca agrícola”.

Afirma que por los años que se establecieron en estos terrenos que forman parte del Valle de la Joya cuyo terreno abarcaba un área de 60 Km. entre Zacatecas y Fresnillo y por aquellos años estaba cubierta de palmas, mezquites, huisaches, nopales y plantas rastreras; estaba casi despoblada, sólo había una posta semidestruida en la que hacían escala las conductas. Avecinados los nuevos colonos en las Caleras establecieron relación con el gobierno del Estado quien los agregó al municipio de Pánuco, se nombró entre ellos un comisario que ejercía su función durante un año.

La ocupación de esta gente fue la agricultura y la ganadería, fueron hombres comprometidos con el trabajo, su producción satisfacía su consumo y el impuesto por la renta de la tierra. Por su organización manifestaron poseer importantes bagajes culturales, que les permitieron integrar una laboriosa congregación que en menos de medio siglo lograron constituirla en municipio.

Ya para 1850 el tifus se extendió en ciudades y poblados del Estado, la Calera no escapó de sus estragos, pero a pesar de estos infortunados sucesos como fue también la sequía, la población se incrementaba con nuevos vecinos. Sucesos muy temidos por los colonos fueron las incursiones esporádicas de los indios, para Calera el más dramático ataque fue el Primero de julio de 1853, en el que asediaron Fresnillo y cuando eran perseguidos se desviaron a Calera, donde se llevaron a la joven Ricarda Vázquez del Mercado que luego dejaron a poca distancia del poblado. Por cuatro décadas, los habitantes de la Calera vivieron organizados trivialmente, pagando rentas a los dueños de la Hacienda del Maguey, que poco a poco las habían ido aumentado; la expropiación de un predio localizado al sureste de la población llamado “La Laborcilla” a favor de Cayetano Murillo, militar que participó en la Guerra de Reforma, despertó en los Colonos de la Calera la inquietud de una expropiación más amplia. Ocupados andaban en estas gestiones, cuando se enteraron de que el Presidente Benito Juárez había salido del mineral de Fresnillo y se dirigía a Zacatecas.

Era 16 de enero de 1867, fecha en la cual el imperio de Maximiliano ya tenía gravísimos problemas para sostenerse. La República recuperaba cada día más terreno y Juárez hacía este viaje para llegar a establecer su gobierno en la capital del país. Los vecinos de la Calera se apresuraron a improvisarle una recepción, en la ahora calle 5 de Mayo y Morelos, se dice que hicieron un vistoso arco de ramas y tápalos y al filo del medio día se congregaron allí, la mayor parte de pobladores de la Calera. La espera no fue inútil, porque sí llegó la comitiva presidencial.

Al acercarse la diligencia en la que Juárez viajaba, ruidosamente manifestaron su simpatía por el ilustre viajero que sorprendido y conmovido por la espontaneidad de la recepción ordenó se hiciera alto. Los Calerenses le invitaron a la casa de Don Mateo Vázquez del Mercado y de su esposa Jovita Borrego donde aceptó beber un vaso agua. Aprovechando esta oportunidad el Sr. Jesús María Dueñas fue comisionado por los vecinos para que manifestara al Presidente la petición de que la congregación se elevara al rango de municipio y que él influyera ante el gobierno del estado para lograrlo. El sobrino de Juárez escuchó con atención, pidió que se tomara nota, agradeció a los vecinos el homenaje y siguió su viaje a Zacatecas.

El avance de los ejércitos de la República, hacia la capital trataban de impedirlo, el general imperialista Miramón el 27 de enero llegó a Zacatecas, después de un breve combate entró a la ciudad de donde tuvieron que huir Juárez y sus ministros. Don Ezequiel Dueñas dice que el Coronel Cayetano Murillo fue uno de los chinacos que participó en la defensa de la ciudad cuando fue atacada por Miramón, estuvo con el grupo que se parapetó en la mina de Quebradilla, mientras la comitiva juarista salió de la ciudad rumbo a Jerez. Murillo había obtenido el grado de Coronel en la Guerra de Reforma y había promovido la primera expropiación de lo que es el municipio de Calera.

A pesar de tantos asuntos que ocuparon al Gobierno de la República, ni Juárez, ni su gabinete olvidaron la solicitud de los vecinos de la Calera; pero como este asunto de acuerdo a la organización federalista competía al Congreso del Estado resolverlo, en diciembre de ese mismo año, la Secretaría de Estado envío al Gobierno Zacatecano la petición que hicieron los habitantes de la Calera, a lo que el Gobernador del Estado Miguel Auza, envió al Congreso del Estado una recomendación.

El Congreso del Estado dio curso a la petición con especial interés, emitiendo el decreto de expropiación No. 49 con fecha nueve de marzo de 1868. Este decreto fue publicado en el periódico oficial tomo I número 217 con fecha 14 de del mismo mes y año. En la comunicación del C. Gobernador Miguel Auza al Congreso se especifica que al establecerse la Junta Municipal, la Calera tenía aproximadamente 500 habitantes, escuelas para ambos sexos, y por otros documentos se conoce que se tenía una improvisada capilla.

Una vez que los gestores de la expropiación tuvieron la seguridad de la posesión, siguiendo el clásico modelo de la “traza” española, conformaron en una extensión de aproximadamente medio Km2 el plano de la población dejando en el centro un cuadro que sería la “plaza de armas” y el terreno para construir la “casa consistorial” o palacio municipal y las calles a semejanza de la antigua Roma fueron trazadas con arado. El primer encargado de la junta municipal fue el Sr. Justo Vázquez del Mercado y el tesorero Don Jesús María Dueñas oriundo de Villa de Cos.

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Publicada el 21 de julio del 2014

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